domingo, 29 de marzo de 2009

¿Dónde te duele?

Un hombre que malconozca su idioma, difícilmente sabrá decir dónde le duele y, a veces peor, dónde se alegra.


sábado, 31 de enero de 2009

A la hora que más rico se está durmiendo

En la hora más callada de la noche, aquella que precede al alba y es anunciada a todos por su frío; en esa hora donde todavía no se han roto los hilos oníricos del ayer y el mañana.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

-me dijo Jonás ibn Gabirol

-Este miedo del hombre antecede al año mil y seguirá después de él, es un miedo a la vida, un miedo a la historia, un miedo a la muerte, un miedo a Satanás, un miedo a uno mismo, un miedo a todo.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

Hace mil años

El milésimo año de la Encarnación del Señor se había convertido en una fiesta de prodigios y espantos.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

La muchedumbre se los tragó

Ambos se metieron en la multitud, con cuerpo humillado y paso lento, perseverando en una regla monástica que los hacía destacar a cada momento su insignificancia corporal. La muchedumbre se los tragó, como si no hubiesen sido nunca.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

Tomar las armas hasta morir

-Desde el comienzo de los tiempos no hemos dejado de morir.
-Y de imaginar.
-Si no defendemos el paraíso terrenal, que creó Dios para nuestro solaz, 
no seremos dignos de llamarnos hombres. -Agregué.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

La Envidia

-El demonio de la envidia, que todos llevamos dentro, sacó los enemigos de nuestras entrañas y nuestro camino se llenó de sierpes.

-Este enemigo nuestro, más que las carencias, más que las lluvias, más que los fríos, más que los calores y los vientos, más que los daños, más que los sarracenos nos trajo a nuestra actual miseria.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

Brillaban sus ojos amorosos

Jimena trataba de disimular la panza bajo la ropa. Al quitarse el día anterior la grasa de las mejillas, parecía que no solamente se había despercudido, sino que se había llevado el color en la lavada. Brillaban sus ojos amorosos.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

Alfonso de León, Visiones del Año Mil

Yo soy el salmo que profieren los labios, yo soy la lengua que fué creada por el Verbo para proferir los salmos, yo soy el silencio que prosigue a los salmos.

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días

Beberé el hilo de la luz nocturna en tus dos lunas

La abracé fuertemente. La amé otra vez, como manda San Jerónimo, con serena pasión. 

Homero Aridjis - El Señor de los Últimos Días